Hugo R. Fernandez
Campos
- Con cariño y admiración a todos los periodistas vivos y muertos.
La historia lo es, hasta que fue escrita. Relatar los
hechos, revisarlos, redefinir el enfoque, cambiar los responsables y orientar
el contenido filosófico e intencional de lo sucedido ha sido posible y a
permitido crucificar, quemar, mandar al cadalso, al fusilamiento, silla
eléctrica o cadena perpetua a supuestos culpables de cometer crímenes en contra
de la sociedad y ha hecho vanagloriar héroes falsos.
Lo anterior ha quedado documentado gracias al trabajo de los
vencedores, sin embargo, hay investigación de hombres y mujeres que incrédulos
ante los hechos relatados, simplemente se han hecho preguntas debido a que la
fuerza de la "verdad histórica" no los deja satisfechos. Unos han
vivido para contarlo, muchos desgraciadamente no.
De esta manera nos hemos enterado de lo evidente de como los
españoles conquistaron Latinoamérica exterminando prácticamente a los
pobladores, saqueando las riquezas y despojándolos de sus propiedades.
De cómo la Independencia de México obedeció a interese
económicos y políticos de la Corona española en contra del Papa, importando un
comino la suerte verdadera de la población mexicana.
De cómo la Revolución mexicana estuvo orquestada por
intereses de los Estados Unidos en una redefinición geopolítica y económica del
mundo de principios del siglo XX.
De la triste y lamentable suerte de los jóvenes que
participaron en las protestas de 1968, en la que pedían una mejor educación
pública, salud, trabajo con salarios dignos y un mejor país, los cuales fueron
masacrados por fuerzas especiales orquestadas desde los gobiernos priistas, por
presión y nerviosismo de los Estados Unidos debido, según ellos, por una
infiltración socialistas en las universidades públicas cuyo fin, era
desestabilizar al país.
Todo ello lo podemos saber gracias a investigadores y
periodistas que no solo exponen la evidente realidad en una nota o video en
redes sociales, sino que dan un antecedente, un desarrollo de los hechos en un
contexto que permite informar y dejar que el que lee o escucha forme su propia
opinión. Lo cual se agradece en un mundo de información falsa, aparente y muy
manipulada. Ryszard Kapuscinski, periodista dice: “El trabajo de los periodistas
no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente
vea cómo las cucarachas corren a ocultarse".
