Martín Quitano Martínez
Detrás del gobierno visible se haya entronizado un gobierno
invisible que no debe lealtad a nadie y no reconoce ninguna responsabilidad
hacia el pueblo. Destruir este gobierno invisible, denunciar la blasfema
alianza entre la corrupción económica y la corrupción política es la principal
tarea del estadista de nuestros días.
Los vacíos de gobierno en Veracruz junto con los hartazgos y
enojos sociales arrastran una peligrosa espirar de ingobernabilidad manifiestada
en desórdenes que escalan ante la falta evidente de capacidad de respuesta de
las autoridades; pareciera que en este momento ya haymínima o nula atención a
los múltiples reclamos sociales.
Los hechos de Catemaco, las permanentes tomasde dependenciaspúblicas,
bloqueos de calles y carreteras, se han convertido en la cotidianeidad
veracruzana enmedio del arribo del“gobierno de la alternancia”, lo que puede
sugerir las presiones que le sobrevienen tras 12 años de simulaciones y
saqueos.
Como se respira el ambiente veracruzano, pesado, contaminado
y de rio revuelto,presionado por hechos y rumores que alimentan la incertidumbre,
que abonan en el descontento, pone de manifiesto la lucha soterrada de los perdedores, de los que se van. Se trata de una
estrategia negra para obstruir, manchar y desdibujar lo que tenga de bueno la
alternancia, lo que pueda ayudar a mejorar el ambiente social.
Esta es sin duda una alternancia muy complicada, por lo que
hicieron y seguramente por lo que seguirán haciendo los perseguidos, serán dos
años bajo asedio, no solo por el entendible y bienvenido escrutinio público
rebosante de dudas y prejuicios, sino principalmente por las actuales desastrosas
condiciones del estado y la cauda de problemas y consecuencias de mediano y
largo plazo que tendrán que enfrentarse.
Nadie en sano juicio de los actores políticos localespodría,
salvo el gobernador interino que dice que no sabía, llamarse a no estar al
corrientedel nivel de suciedad existente en los procesos llevados a cabo de las
2 últimasadministraciones enseñoreadas en la corrupción y la impunidad, donde
el enriquecimiento de una clase política ávida de recursos sin resquemor alguno,
fue generando variados y graves problemas.
El presente grado de conflicto sin duda pone en entredichoel
escenario de reconocimiento y oportunidad que debiera concitar la llegada de un
gobierno de alternancia validado por las urnas, que ha postulado su empeño en concretar
los cambios a los que aspiran millones de veracruzanos.
Por un lado el merecido escarnio público hacia el gobierno
saliente que tuvo que fugarse enmascarado en una licencia al cargo antes de ser
aprehendido por sus crímenes, dejando tras de sí una sociedad harta,
desconfiada, intransigente.
Se trata del ejercicio público y de poder que no solo recibe
las arcas vacías, la inseguridad desatada o el agotamiento social, la pobreza y
la falta de oportunidades, recibe también el escrutinio social más beligerante,
la presión de una sociedad que quiere, que demanda resultados que brinden
mejoría palpable en el corto plazo, recibe la desconfianza y el recelo de
algunos y la esperanza de otros.
Por el otro, los grupos fácticos y de presión,ligados a las
viejas prácticas y beneficiarios de las canonjías de un quehacer político
corruptor, ahora mismo azuzan con el conflicto y alzan la mano ante los que
llegan, jugando rudo para exacerbar los ánimos sociales, buscando definir su
agenda de intereses a los que habrá que poner coto.
El bono puesto en las manos de los nuevos actores en el
ejercicio de los poderes legislativo y ejecutivo tiene, por su corta duración,
la exigencia de hacer diferencia en las acciones públicasen forma expedita. La
vigencia del escenario es de veloz caducidad, por lo que no deja mucho margen a
las equivocaciones ni a permitirse conductas que reediten vicios en moldes y
colores distintos.
Tener la capacidad de comprometerse con darle salida a los
problemas existentes partirá de leer bien y analizar mejor que nuestras circunstancias
son muy complicadas y que sencillamente el horno no está para bollos.
DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA
Lo de Javier Duarte y su posible regreso no sirve ni para la
broma ni para la vacilada.
